lunes, 7 de septiembre de 2026

¡A LOS LADRONES!

 

¡A los ladrones!

En una pequeña casa en medio del campo vivía un joven campesino llamado Porfirio, con la única compañía de un burro joven y fuerte como él, que le servía de gran ayuda. La casa era vieja y destartalada, pero a Porfirio le gustaba vivir allí.

Un día tras levantarse, Porfirio salió de la casa.

De repente, vio que la puerta de la cuadra estaba abierta y la barra de hierro con la que aseguraba el cerrojo estaba en el suelo. Temiéndose lo peor, asomó la cabeza... ¡El burro había desaparecido!

El pobre chico echó a correr hacia el pueblo y llamó agitado a todas las puertas.

-¿Qué pasa, qué pasa? -preguntaban todos alarmados. -Me, me, me... han robado el burro -atinó a contestar en medio de la agitación.

Cuando consiguieron tranquilizarle, algunas personas le acompañaron a la casa.

Al llegar comprobaron lo que Porfirio les había contado. Uno de los vecinos se fijó en la puerta de la cuadra:

-Con esta puerta tan vieja, ¡cómo no te iban a robar! -exclamó.

-La barra de hierro está en el suelo junto a la entrada -afirmó una mujer que tenía fama de observadora-. ¿No se te olvidaría ponerla?

-Yo lo que no entiendo es cómo no te despertaste -le dijo otro-. Estoy seguro de que el ladrón tuvo que hacer algún ruido al sacar al burro de la cuadra.

Y el vecino más anciano concluyó:

-Si es que ya lo decíamos todos en el pueblo: esta casa estaba demasiado alejada... ¡Qué locura vivir aquí!

Porfirio los miraba sin poder dar crédito a lo que oía y no aguantó más.

-Un momento, un momento -dijo interrumpiendo una nueva ronda de comentarios-. Parece que la culpa de que me hayan robado el burro es mía. ¡Y digo yo que algo habrán tenido que ver los ladrones...!

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